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Diario Reflexivo

GRACIAS POR TODO LO QUE NOS HAS DADO

GRACIAS POR TODO LO QUE NOS HAS DADO
 

Foto de mi madre (3-09-06)

 

"Gracias por todo lo que nos has dado" son las palabras que elegimos sus hijos para poner en la cinta de la corona de flores el día de la muerte de nuestra madre. 

 

Con ellas queríamos manifestar lo orgullosos que estábamos de lo que nos había transmitido a lo largo de su vida. 

 

La vida de mi madre no fue una vida fácil. Se quedó sin madre cuando tenía nueve meses y fue criada por unas tías. No obstante su figura de apego más importante fue su padre, pues de él hablaba en todo momento e incluso siendo ya muy mayor y con una pérdida de memoria muy grande, aunque  no llegó a tener Alzheimer, de pronto decía: ¿dónde está mi padre? 

 

Una de sus frases era: "vivimos una vida buena, una vida mala y una vida regular"

 

Para ella, su vida buena era la referida a su infancia y adolescencia, pues siempre decía que se había criado como una reina; al ser hija única y sus tías no tener hijos, nunca le faltó de nada, en una época donde la escasez de medios materiales era muy abundante. 

 

Tácitamente sabíamos que su vida mala se refería a nuestra niñez pues cuando se casó con mi padre y sus tías murieron, se encontró sola para criarnos a todos.

 

Sus tías tenían una tienda y un bar y durante unos años mis padres llevaron el bar. Mi padre era labrador y pasaba parte del tiempo en el campo, con lo cual era ella la que se ocupaba de él. Eso la suponía mucho trabajo y no debía ser muy rentable porque cuando nací  dejaron el bar.

 

Mi padre, bastante adelantado a su época, compró la primera cocina de butano del pueblo y una lavadora; pero  no había agua corriente y mi madre debía acarrear el agua, llenar la lavadora, escurrir la ropa y cargar con ella al lavadero público para aclararla.

 

Teníamos un corral, donde criaba gallinas, cabras y un cerdo.

Los animales también dan mucho trabajo.

Por la mañana abría el gallinero para que las gallinas saliesen a picotear por el corral, echarlas comida y agua, preparar sus ponederos y por la noche encerrarlas para que estuviesen calentitas.

Las cabras se las llevaba el cabrero del pueblo al campo a pastar y por la tarde había que recogerlas y ordeñarlas. La leche había que hervirla mucho para eliminar todas las posibles bacterias y sobre todo no coger las temidas "fiebres maltas".

El cerdo había que engordarlo echándole todos los restos de nuestra comida y pienso. Cuando llegaba el frío, (diciembre o enero) se hacía la matanza. La matanza que hoy día consideramos como fiesta tradicional, daba mucho trabajo en una casa.

Los hombres mataban el cerdo, lo colgaban bocabajo y lo cuarteaban a los pocos días. Las mujeres tenían el doble o el triple de trabajo: coger la sangre del cerdo, moviéndola sin parar para que no se coagulase; lavar las tripas del cerdo,  embuchar en ellas las morcillas y los chorizos; salar los jamones; adobar los lomos; preparar el morteruelo; preparar la comida (migas) para los hombres que ayudaban a mi padre, y muchas otras cosas.

 

También se ocupaba hacernos  vestidos nuevos, remendar la ropa y enseñarnos a coser. 

 

Era muy religiosa y presumida y todas las tardes se cambiaba de ropa, se ponía sus zapatos de tacón y se iba a misa o al rosario. También le gustaba mucho leer y cuando tenía tiempo se sentaba a leer casi siempre libros religiosos.

 

Cuando llegaba la Navidad, ponía el Belén y bajaba  a Guadalajara a comprarnos los regalos. Llegaba cargada y rápidamente los escondía, repartidos por los armarios. Creo que aunque ella no tenía tiempo para leer, quería transmitirnos su interés por la lectura, por eso siempre teníamos cuentos o libros entre nuestros regalos.

 

Cuando llegaba el verano había que hacer limpieza general. Se vareaban los colchones, se vaciaban los armarios, se pintaban las habitaciones, se hacía jabón con las sobras de los aceites del año,.. En resumidas cuentas, no había tiempo para estar ociosas.  

 

Con todo esto quiero reflejar la cantidad de trabajos físicos que tenía que realizar mi madre y por supuesto todas las mujeres de su época. Pero también hay que añadir lo más importante:

 

LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS.

 

La educación de los hijos, por aquellos años, corría a cargo de las mujeres porque en teoría los hombres eran los que trabajaban duro en el campo y no se iban a ocupar de los hijos.

Mi madre siempre se había sentido muy orgullosa de que su  madre fuese maestra y aunque ella no había estudiado, tenía muy claro lo que quería para nosotros: "teníamos que estudiar".

 

Mi pueblo dista 5 Kms de Guadalajara, pero en 1964 las comunicaciones no eran buenas y tuve que estudiar interna. No así mis hermanos mayores que subían  y bajaban en bici.

 

Mis hermanas lo tuvieron un poco más fácil, pues las comunicaciones mejoraron y podían estudiar en régimen externo. Eso si empezaron más tarde de lo que por edad les correspondía.

 

Cuando hoy día veo los recibos que tenían que pagar y los ingresos de que disponían, apenas llego a comprender como se pudieron arreglar. Lo que si tengo muy claro es el gran amor que pusieron en ello.

 

Gracias a éste sus seis hijos tenemos un título, que la gente de nuestro pueblo, edad o condición económica no poseen: los dos chicos mayores son maestros industriales, dos maestras de E.G.B., una enfermera y  el más pequeño que nació cuando ella iba a cumplir los 46 años, sacerdote. 

 

A la vista de los resultados, yo  discutía  con ella y le decía que realmente su vida buena era la última cuando podía ver a sus hijos colocados, con unos estudios que ella no tuvo y conociendo a un montón de nietos y un biznieto que la querían. 

 

¿CUÁL ERA SU ESTILO EDUCATIVO?

 

Autoritario

Autoritario (democrático)

Híper-protector

Permisivo

Sacrificante

Indiferente 

 

A la vista de las definiciones, no veo que mi madre encaje con ninguno de ellos. Ella se quejaba de que no la hacíamos caso, que a ella le  bastaba una mirada de su padre para que  supiese a que atenerse. Daba la sensación de que su padre fue rígido con ella, yo más bien creo que quería superprotegerla por ser hija única.

 

Se sacrificó para que todos tuviésemos algo que ella no había tenido.

Nunca nos echó en cara los esfuerzos que tuvo que hacer para lograrlo.

Su recompensa fue su propia satisfacción al ver conseguidos sus objetivos. No creo que tuviese la expectativa de que sus hijos la recompensásemos por sus esfuerzos, ni sus hijos considerábamos que era su deber hacerlo.

Podemos decir que su estilo es una mezcla de estilos, como sucede en la mayoría de los casos. Me resulta más fácil decir lo que no era:

 

No era permisiva, en el sentido de dejarnos hacer lo que nos diese la gana, pero si tenía establecía ciertas normas y reglas que teníamos que cumplir.

 

No era súper-protectora, pero si se estaba atenta a nuestros gustos y deseos.

 

No era autoritaria, ni  muy exigente, pero a su modo nos hacía participar en  muchas de las tareas que ella hacía y nos obligaba a  hacer otras que ella consideraba que era importante que supiésemos realizar. Gracias a eso, hemos aprendido muchas cosas sin  darnos cuenta de ello. Seguramente ni ella era consciente de que nos las estaba enseñando.

Para mí lo más importante es ese buen hacer que tenía de todas las cosas y su dedicación a todos sus hijos.

 

¿CÓMO SE PUEDE AGRADECER SU DEDICACIÓN? 

 

Los últimos años de la vida de mi madre no fueron fáciles, sufrió una pérdida muy grande de memoria y apenas recordaba las cosas recientes.

Sus hijos la cuidamos, aunque no todos en la misma proporción.

 

Mis hermanas y yo distribuimos nuestras horas libres para poder estar con ella y atender a todas sus necesidades, desde darle la comida a lavarla o vestirla, aunque en su mundo ella seguía haciendo todas las cosas (planchar, coser, guisar,...).

 

Nos ocupábamos de todas sus necesidades y cuando la gente la veía siempre decía: "que bien está la Tere" y ella, como siempre había hecho, respondía con una frase amable. Lo que la gente no sabía es que ella respondía siguiendo patrones de conducta que había llevado a lo largo de su vida y que realmente las pocas cosas que hacía eran de forma mecánica.

 

A veces resultaba graciosa, cuando le preguntabas ¿qué haces? Y tranquilamente te respondía "acabo de terminar de coser, o de hacer las camas, o de poner la comida". Si se te ocurría llevarle la contraria, decía muy seria, "me lo vas a decir tú a mí, a ver si te crees que soy tonta".

 

Ella participaba en la medida de sus posibilidades y casi siempre con una sonrisa. Realmente no nos dio trabajo, aunque si nos limitaba bastante  nuestra vida familiar personal,  las vacaciones, la independencia (dependíamos unas de otras para poder salir,..), pero creo que no nos hubiese importado seguir haciéndolo unos años más.

 

El 15 de Diciembre falleció. Tenía 87 años. Fue un momento triste, pero a la vez alegre, porque  ya empezaba a deteriorarse, y los que la queríamos, queríamos que viviese, pero con una cierta calidad de vida.

 

Todos nos aferramos a la vida, incluso cuando somos conscientes de que ésta se nos acaba.

Mi madre así lo hizo y aún cuando todos sabíamos que su fin estaba cerca, ella comía de maravilla sabiendo que para vivir es necesario comer.

 

Creo que la muerte es un suceso vital, pues como tal lo percibe la gente que se muere y no se quiere morir.

 

Es una transición, es un paso a algo diferente. Mi madre era muy religiosa y  creía en que hay algo después de la muerte. Aunque yo albergo mis dudas, si espero que esté en ese lugar que ella creía y que se merecía.

 

Las personas  no mueren del todo y siguen viviendo en el recuerdo de todos aquellos que las quisieron.

 

Con este escrito quiero hacer un homenaje a mi madre como una persona que supo dar y transmitir lo mejor de sí misma.

 

Sin duda también tendría algún fallo, pero fue

 

MI MADRE

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3 comentarios

JUAN -

Muy bonito el texto Loli y con que cariño hablas de tu madre.

Me recuerdan tus palabras un poco a mis abuelos, que vivieron en el campo, trabajando de pastores, en condiciones bastante duras (mi abuelo además perdió un brazo en la guerra civil)y consiguieron que mi madre estudiase una carrera en Madrid, cuando casi todas las familias del pueblo ponían a sus hijas a trabajar en una fábrica de camisas. Te dejo arriba la dirección de mi blog. Saludos

PIEDAD -

Me parece que has elegido una forma muy bonita para expresar y compartir con sinceridad, tus sentimientos con los demás. Este tipo de experiencias nos ayudan a consolidar lo que es verdaderamente importante en nuestra vida, y desde luego nuestros padres son y serán fundamentales aunque en el futuro, ya nos esten con nosotros

Benja -

Preciosa reflexión Loli, la verdad es qe de algún modo me siento unido a tí, ya que yo pasé por algo, enmenor grado porque se trató de mi abuelo, pero para mi fue doloroso, porque al igual que tu recordé todos los momentos buenos que pasé con él de pequeño y sobretodo una filosofía de vida que no llegaré a tener quizás hasta que llegue (si llego como me decía él) a sus 93 años, y sin una guerra civil a cuestas.
Pero cuando miraba a mi padre en el tanatorio le veía relfexivo, como recordando como había sido su vida junto a él.
La verdad es que sin duda lo que hicisteis tus herman@s y tú era una verdadera prueba de que vuestra madre fue una buena figura de apego.
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